En el uso del derecho a la libre expresión, comparto apreciaciones con los visitantes y me gustaría generar diálogo y debate respetuosos.
martes, 10 de agosto de 2010
miércoles, 23 de junio de 2010
lunes, 31 de mayo de 2010
¿Mockus, víctima de cierta disfunción narcotizante?
Por: Edgar Alonso Muñoz Delgado

Caricatura tomada de: http://jagodibuja.com/
En uno de los tantos noticieros a los que acudí en búsqueda de información mediante el consabido zapping la noche del 30 de mayo, luego de la jornada electoral, se coló una noticia que llamó mi atención, pues por ella supe que el candidato ganador –y posible presidente de los colombianos- tenía listo su discurso de aceptación del triunfo en primera vuelta y que, como consecuencia de los resultados no previstos en el famoso “margen de error”, tuvo que ponerse en el último momento a confeccionar un nueva pieza oratoria.
Esto que pareciera ser simplemente anecdótico, me hace pensar en la muy estrecha relación, hasta ahora inédita en Colombia, entre campañas electorales y encuestas de opinión cuyos verdaderos resultados conoce oportunamente el oficialismo, no porque “hayan perdido las firmas encuestadoras”, como se han apresurado los medios a interpretar, sino justamente por lo contrario, pues ellas al mentir, distorsionaron tanto la realidad que terminaron por cumplir con probada eficacia su disfunción narcotizante.
Me refiero a esa vieja utilidad que Merton y Lazarsfeld, funcionalistas norteamericanos de los años 40 y 50 del siglo pasado, atribuyeron a los medios masivos de comunicación, consistente en provocar la apatía de las audiencias en la participación de la administración de lo público que, como su nombre lo indica, le pertenece a todos, pero que al ser objeto de intervención de unos cuantos, se vuelve patrimonio particular.
Cuando se polariza la opinión pública entre dos candidatos de una lista de nueve, mediante el desconocimiento sistemático de los otros siete y se insiste reiteradamente en ello, uno de los efectos que se consigue es, sin duda alguna, la marginación motu proprio de numerosos electores que perciben a su candidato sin opción, en un país caracterizado precisamente por la abulia política, conducta que ofrece grandes ventajas al denominado status quo, pues su propósito final, lógico, es mantener el estado de cosas tal como vienen. Así es como la abstención elige.
Y claro, los colombianos cayeron en la trampa y el primero de ellos fue precisamente Mockus, no obstante las permanentes voces de alerta de Vargas Lleras, Pardo y Petro e incluso, más tímidamente, de Noemí, con lo cual puso en evidencia su debilidad en el análisis y capacidad de reacción ante situaciones coyunturales, razón por la que se envaneció –otro efecto de esa polarización mencionada- y descuidó hasta ser errático, sus opiniones respecto de todo tipo de asuntos sobre los que tuvo que pronunciarse, embriagado por un triunfo que daba por hecho en términos absolutos en la jornada de ese domingo.
Pero, aunque las cosas no fueron como se las inflaron al ex rector de la Universidad Nacional, su discurso de las siete de esa noche tampoco fue esperanzador, en tanto se trató de una sucesión de consignas, cantos y ejercicios de expresión corporal esencialmente insubstanciales, consignas dentro de las que ocupó preeminente lugar aquella de que “la unión hace la fuerza”, sin que aparecieran claros otros componentes de esa unión, para dejar la impresión, una vez más, de que el candidato se basta por sí mismo y puede renunciar a las alianzas imprescindibles en cualquier competencia electoral.
Así, mientras el trabajo de Santos consiste en retocar en algunos aspectos el contenido de sus palabras mientras llega el 20 de junio, el de Mockus, entre tanto, es muy duro, pues empieza por una severa autocrítica de alguien que posa de sencillez y humildad ante los públicos, virtudes que parece no practicar en privado, y sigue con el acercamiento a los grupos políticos que despreció, la reconfiguración de su plataforma programática, el rediseño de varios aspectos de la campaña y la aceptación de control en el modo como encara sus presentaciones televisivas, por lo que le recomiendo cierta lectura del italiano Umberto Eco, respecto de la televisión y el poder político.
La lección, el Profesor Mockus ha debido aprenderla hace muchos años, ya que todos los sabios de la humanidad la han expresado en todos los tiempos y en todas las formas, pues se reduce a creer menos en los aduladores y a pensar más en los intereses del país que dice representar, intereses que no pueden ser exclusividad suya y que, eventualmente, coinciden con las expresiones de otras fuerzas políticas, además de que pueden ser aquellos que preocupan y provocan el desencanto de más de la mitad de los votantes que esperan, quizás, que alguien venga a sacarlos de su marasmo, tal y como dicen que ocurrió hace doscientos años en Bogotá, aprovechando la circunstancias derivadas de un singular florero.
Envigado, mayo 31 de 2010

Caricatura tomada de: http://jagodibuja.com/
En uno de los tantos noticieros a los que acudí en búsqueda de información mediante el consabido zapping la noche del 30 de mayo, luego de la jornada electoral, se coló una noticia que llamó mi atención, pues por ella supe que el candidato ganador –y posible presidente de los colombianos- tenía listo su discurso de aceptación del triunfo en primera vuelta y que, como consecuencia de los resultados no previstos en el famoso “margen de error”, tuvo que ponerse en el último momento a confeccionar un nueva pieza oratoria.
Esto que pareciera ser simplemente anecdótico, me hace pensar en la muy estrecha relación, hasta ahora inédita en Colombia, entre campañas electorales y encuestas de opinión cuyos verdaderos resultados conoce oportunamente el oficialismo, no porque “hayan perdido las firmas encuestadoras”, como se han apresurado los medios a interpretar, sino justamente por lo contrario, pues ellas al mentir, distorsionaron tanto la realidad que terminaron por cumplir con probada eficacia su disfunción narcotizante.
Me refiero a esa vieja utilidad que Merton y Lazarsfeld, funcionalistas norteamericanos de los años 40 y 50 del siglo pasado, atribuyeron a los medios masivos de comunicación, consistente en provocar la apatía de las audiencias en la participación de la administración de lo público que, como su nombre lo indica, le pertenece a todos, pero que al ser objeto de intervención de unos cuantos, se vuelve patrimonio particular.
Cuando se polariza la opinión pública entre dos candidatos de una lista de nueve, mediante el desconocimiento sistemático de los otros siete y se insiste reiteradamente en ello, uno de los efectos que se consigue es, sin duda alguna, la marginación motu proprio de numerosos electores que perciben a su candidato sin opción, en un país caracterizado precisamente por la abulia política, conducta que ofrece grandes ventajas al denominado status quo, pues su propósito final, lógico, es mantener el estado de cosas tal como vienen. Así es como la abstención elige.
Y claro, los colombianos cayeron en la trampa y el primero de ellos fue precisamente Mockus, no obstante las permanentes voces de alerta de Vargas Lleras, Pardo y Petro e incluso, más tímidamente, de Noemí, con lo cual puso en evidencia su debilidad en el análisis y capacidad de reacción ante situaciones coyunturales, razón por la que se envaneció –otro efecto de esa polarización mencionada- y descuidó hasta ser errático, sus opiniones respecto de todo tipo de asuntos sobre los que tuvo que pronunciarse, embriagado por un triunfo que daba por hecho en términos absolutos en la jornada de ese domingo.
Pero, aunque las cosas no fueron como se las inflaron al ex rector de la Universidad Nacional, su discurso de las siete de esa noche tampoco fue esperanzador, en tanto se trató de una sucesión de consignas, cantos y ejercicios de expresión corporal esencialmente insubstanciales, consignas dentro de las que ocupó preeminente lugar aquella de que “la unión hace la fuerza”, sin que aparecieran claros otros componentes de esa unión, para dejar la impresión, una vez más, de que el candidato se basta por sí mismo y puede renunciar a las alianzas imprescindibles en cualquier competencia electoral.
Así, mientras el trabajo de Santos consiste en retocar en algunos aspectos el contenido de sus palabras mientras llega el 20 de junio, el de Mockus, entre tanto, es muy duro, pues empieza por una severa autocrítica de alguien que posa de sencillez y humildad ante los públicos, virtudes que parece no practicar en privado, y sigue con el acercamiento a los grupos políticos que despreció, la reconfiguración de su plataforma programática, el rediseño de varios aspectos de la campaña y la aceptación de control en el modo como encara sus presentaciones televisivas, por lo que le recomiendo cierta lectura del italiano Umberto Eco, respecto de la televisión y el poder político.
La lección, el Profesor Mockus ha debido aprenderla hace muchos años, ya que todos los sabios de la humanidad la han expresado en todos los tiempos y en todas las formas, pues se reduce a creer menos en los aduladores y a pensar más en los intereses del país que dice representar, intereses que no pueden ser exclusividad suya y que, eventualmente, coinciden con las expresiones de otras fuerzas políticas, además de que pueden ser aquellos que preocupan y provocan el desencanto de más de la mitad de los votantes que esperan, quizás, que alguien venga a sacarlos de su marasmo, tal y como dicen que ocurrió hace doscientos años en Bogotá, aprovechando la circunstancias derivadas de un singular florero.
Envigado, mayo 31 de 2010
domingo, 30 de mayo de 2010
Guatapé
Es una bellísima población situada al oriente de Medellín, más o menos a dos horas de distancia por buena carretera, bañada por las aguas de la Represa del Peñol, que embellecen el lugar, además de que lo convierten en sede de toda suerte de deportes náuticos.
Hay paseos en lanchas, barcazas y yates, canopi sobre las aguas de la represa y espectaculares paisajes, para que usted tome fotos y haga videos y luego muestre con orgullo las imágenes que dicen del lugar visitado.
¡Ah! me olvidaba: El tremendo monolito o Piedra del Peñol, para que usted haga un poco de ejercicio y llegue hasta la cima por escaleras.
VALE LA PENA VISITAR GUATAPE
Hay paseos en lanchas, barcazas y yates, canopi sobre las aguas de la represa y espectaculares paisajes, para que usted tome fotos y haga videos y luego muestre con orgullo las imágenes que dicen del lugar visitado.
¡Ah! me olvidaba: El tremendo monolito o Piedra del Peñol, para que usted haga un poco de ejercicio y llegue hasta la cima por escaleras.
VALE LA PENA VISITAR GUATAPE
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